Proteína animal: empaques que reducen costos logísticos
Escrito por: Demian Beccalli
Transportar proteína animal refrigerada exige controlar múltiples variables al mismo tiempo: temperatura, humedad, manipulación, apilamiento, tiempos de traslado y uso eficiente del espacio. En productos como pescados, mariscos, carnes y otros alimentos refrigerados, cualquier ineficiencia puede afectar la frescura, la seguridad del alimento y el costo total de distribución.
En este contexto, el empaque no debe evaluarse únicamente como un insumo o un costo unitario. Su diseño puede influir en cómo el producto se protege, se almacena, se carga y se transporta dentro de la cadena de frío.
Cuando una solución de empaque ayuda a optimizar el uso del espacio, reducir costos y mantener la integridad del alimento, el impacto va más allá del material. El caso AquaChile, aplicado al transporte de salmón fresco, permite ver cómo el rediseño del empaque, en este caso la alternativa con cartón corrugado, puede convertirse en una herramienta para mejorar el desempeño logístico en proteína animal refrigerada.
Del EPS al cartón corrugado: más que un cambio de material
El EPS, o poliestireno expandido, ha sido utilizado históricamente en productos refrigerados por su capacidad de aislamiento térmico, amortiguación y resistencia a la humedad. Por estas características, ha sido una alternativa común en cadenas de frío donde el alimento necesita protección frente a cambios de temperatura, manipulación constante y largos recorridos logísticos.
Sin embargo, hoy el desempeño de un empaque no se evalúa únicamente por su capacidad de proteger el producto. También entran en juego variables como almacenamiento, transporte, recuperación del material, reciclabilidad y eficiencia total de la operación. Según cifras citadas por el Consejo Americano de Química, la tasa de reciclaje de EPS en 2022 se ubicó alrededor del 15%. En el caso del cartón corrugado, algunos mercados de la región muestran niveles de recuperación más altos, como México, con una recuperación anual entre 60% y 65%, y Brasil, con cerca del 60%.
Aunque estos datos provienen de mercados, alcances y metodologías diferentes, permiten entender por qué la gestión del material después de su uso se ha vuelto un criterio cada vez más relevante al diseñar soluciones de empaque para cadenas de frío. No se trata solo de elegir entre un material u otro, sino de evaluar cómo cada solución responde a las necesidades del producto, la operación y el ciclo posterior al consumo.
En proteína animal refrigerada, ese análisis implica revisar cómo el producto se empaca, se apila, se almacena y se transporta. En el caso AquaChile, Smurfit Westrock desarrolló junto con el cliente una solución sostenible en cartón corrugado para la distribución de salmón fresco, diseñada para proteger el producto y mejorar el desempeño logístico.
Más carga útil, mejor eficiencia logística
La eficiencia logística se vuelve tangible cuando puede medirse en espacio, costos y capacidad de transporte. En el trabajo con AquaChile, la solución de cartón corrugado consideraba cálculos para aumentar hasta en 30% la capacidad de carga de salmón por contenedor, además de optimizar el almacenamiento y reducir costos asociados al transporte. Este enfoque demuestra cómo el empaque puede influir en variables centrales para cualquier operación de proteína animal en cadena de frío: cubicaje, uso de pallets, ocupación del contenedor y costo total de distribución.
Aprovechar mejor cada metro cúbico refrigerado puede marcar una diferencia importante en negocios donde el traslado representa una parte relevante del costo operativo.
De hecho, la Fibre Box Association señala que el corrugado puede permitir dos o tres pallets adicionales por viaje en ciertos escenarios logísticos, hasta convertir un esquema de 14 camiones en 13. Esta lógica ayuda a entender el valor del caso AquaChile: mover más producto, reducir ineficiencias y mejorar el control sobre la cadena.
















